Aguante la Tercera82 !!

Contra los embates del tiempo, las deudas, los divorcios y los hijos por reconocer....
Y aguante El Poli, Rosario, y todo aquellos buenos recuerdos de cuando, todos juntos, fuimos adolescentes. Esta es una pagina dedicada a la llama viva de la Tercera división, Bachilleres Técnicos promoción 1982, del Instituto Politécnico Superior de Rosario ( El Poli).

2006/03/31

LA GLORIOSA TERCERA



IMAGEN PARCIAL DE LA TERCERA frenética, en el teatro "La Comedia" de Rosario, en un acto de reencuentro al regreso del viaje de egresados, agosto 1982. BACHILLERES TÉCNICOS PROMOCION 1982, TERCERA DIVISION, INSTITUTO POLITECNICO SUPERIOR "GENERAL SAN MARTIN" , Rosario , Argentina.
Este blog tiene la intencion de servir a movilizar aquellas fibras mas íntimas de la tercera, para que nos conectemos nuevamente. Comentarios, aportes y sus direcciones de mail son bienvenidos y necesarios. Para poner un comentario :
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SE VIENEN LOS CIEN AÑOS DEL POLI !!!!
TENEMOS QUE JUNTARNOS PARA LA CELEBRACION !!!

2006/03/30

Mi testimonio : Parte 1




TERCERA PROMO 82

23 de Nov. 1977. Recuerdo ese día como un hito, efectivamente aún hoy lo es para mí. Temprano de mañana, y antes de que mi vieja me despierte, sentí como si alguien tironeara las cobijas de mi cama. Sería porque ya era de día, y porque seguramente en mi conciencia púber solo cabía la expectación y la tensión, que no tuve ninguna alucinación o sospecha truculenta, terrorífica; en esa época el suspenso no era aún industria, tan sólo existía el cine de terror por TV en blanco y negro. Ese día la futura promoción bachilleres 1982 del Poli de Rosario rendía su examen de ingreso. Y ese día también un terremoto monstruoso rajaba la tierra y destruía Caucete, San Juan. Si fuera éste un relato trágico, y me dejara yo llevar por los bajos instintos del sensacionalismo, lo del terremoto sería un golpe de efecto alucinante. Pero no, la mía no es una historia de horror, todo lo contrario, es una historia de fortuna.
Ese día pude entrar al Poli, e inmediatamente pude vislumbrar el valor relativo que esto tenía en algunas respuestas desencajadas, de mis todavía compañeros de la primaria, ante la novedad. El valor definitivo de todo lo que El Poli me dejaría resultó ser insondeable, como lo son la mente, el espíritu.
Me tocó en fortuna la tercera división. El escrutinio provisional de primer año arrojaba 12 señoritas, 23 niños varones; en 4to año inclusive la proporción de señoritas sería aún mayor. Lejos, la división que mas minas tenía. Los usos y modas de entonces acentuaban lo desparejo entre sexos en la pubertad, miren sino la foto de primer año. Fue insólito que en un colegio Industrial tuviera tanto contacto con mujeres; yo venía de un colegio de varones, y esto fue el primer shock.

Mi Testimonio : parte 2

El Descueve


Pero todo primer año sería un shock emotivo, de imágenes y sensaciones que surgían de esa nueva vida. El Poli me abdujo como una fuerza resplandeciente e inexplicable a la que me entregué sin titubeos. La “casa” de estudios, por encima de todo mote acartonado, estaba signada a devenir en nuestro “hogar”, así lo sentimos. Impactado por la vastedad y profundidad de los espacios, pasillos e inauditos techos inalcanzables; los salones con patíbulo y pizarrón en guillotina, otros con misteriosos bancos de dibujo en tándem de a cuatro. Incalculables generaciones de chicos vivían grabados aún en profusas y bulliciosas huellas de la madera. Nunca sentí ningún miedo, ni aún entre los ecos solitarios de mis pasos en los pasillos, alguna tarde oscura.
El Poli inspiraba al ingresante sumisión y respeto. Inevitable sentirse cohibido, teníamos que aprender a movernos ahí dentro, y todos nos lo hacían saber. Estar en primero significaba ser un infante gracioso que a duras penas podía portar el tablero de dibujo, medio inadaptado todavía cuando correteaba o vociferaba como niño. Uno de los primeros desafíos a nuestra niñez fue el uso de cuadernillos, ásperos en ese papel medio peludo, y ríspidos por la impresión del mimiógrafo. La lectura de lo escrito no siempre era evidente y explícita; entre derrapes de tinta negra y los caprichos del mimiógrafo a veces era como leer un diario mojado.
Recuerdo a los profesores y sus departamentos de materias como a instituciones. El departamento de la temible matemáticas era el comando en jefe, y sus oficiales profesoras poco menos que gladiadores, blandiendo amenazantes cada año sus renovadas armas de trigonometría, álgebra, derivadas, integrales. Gracias a este entrenamiento, los futuros ingresantes a ingeniería podían no sólo acceder directamente, sino además hacer huevo todo el primer año, por lo menos. La presencia de una profesora de matemáticas siempre intimidaba o hasta metía miedo; entre el tumulto de los pasillos se percibía aún de lejos la proximidad de alguna de ellas por las actitudes a su alrededor. El imaginario estudiantil tejía relatos, historias y hasta leyendas sobre hechos ocurridos con las matemáticas. Se producía además un curioso fenómeno de divismo, todas las profesoras eran “La”, como La Loren o La Garbo.

Mi Testimonio : parte 3


MALDITA LEY FEDERAL !
( "caramba y zamba la cosa, que viva la escuela técnica..")

Si tuviera que recordar cuando fue la primera vez en mi vida en que me tocó el esfuerzo, la dedicación, el sacrificio de la comodidad, o la urgencia por superar alguna dificultad, fue con seguridad en estos primeros años en el Poli. Por ejemplo, matemáticas tenía siempre prueba cuatrimestral obligatoria para la que había que estudiar, aprender, y pensar un poco. Nunca me pude olvidar como me costó la clausura de aquel primer domingo que me quedé a estudiar, cuando estaba en segundo año. O taller también, recuerdo que difícil me fue sacar prolija la ensambladura “con cola de milano” en carpintería. La metafísica y el argot de los talleres aniquiló toda inutilidad innata para el trabajo aplicado. Esto nos abriría la puerta al manejo del mundo físico con recursos que asimilamos para siempre. Creo que permanentemente los utilizamos en nuestra vida diaria o profesional, para interpretar un problema concreto o entender un principio elemental, cuya ignorancia podría costarnos hasta la vida. En fin, es ni mas ni menos que la naturaleza de la escuela técnica. Pero hasta el dibujo técnico planteaba desafíos a la habilidad, había que aprender a contener la respiración para trazar arcos que empalmen con precisión. Aquella técnica del “doble cambio de plano” exigía un esfuerzo de abstracción notable para aquellos niños; costaba tanto como resolver problemas de ingenio.Creo, definitivamente, que toda esta exigencia modelaba con maestría nuestro carácter, nuestra confianza en nosotros mismos, nuestra percepción del mundo, y por sobre todo, nos enseñó que es posible superarse a sí mismo y desarrollar habilidades en base al trabajo, el esfuerzo y la dedicación. La doble escolaridad dolía, todavía me admiro de aquellas jornadas completas con taller a la tarde, y de lo fácil que absorbimos esta demanda. Pero pese al rigor, o mas bien gracias a él, antes de terminar primer año se entablaba el romance con el Poli.

Mi Testimonio :Parte 4


Un día cualquiera...

A partir de segundo uno podía ya sentirse un alumno digno del Poli, por haber pagado el derecho de piso, haber superado la prueba inicial, y por sobre todo por no ser ya de primero. Se empezaba entonces a conocerlo y a moverse con mas seguridad. Recuerdo también la exploración para conocer cada vez mas rincones, eran inagotables. Demoré años en conocer todos sus pasadizos, incluida la conexión a la facultad para hacer la rabona. Demore también en hacerme la rabona, tal vez porque no era fácil o tal vez porque no era el espíritu, no lo recuerdo, pero hoy puedo darme cuenta de que uno allí se sentía contenido.
Con libertad de movimientos, la vida diaria en el poli era alucinante. La actividad social en los dos recreos de la mañana era muy activa. Me gustaba comerme un panchito de Pepe en el patio frente a la librería, desde donde se veía claro la ingeniosa declaración en corazón de tiza que rezaba el amor procaz entre Linda y un tal “Onga”.El contraste con los de cuarto o quinto año provocaba admiración o respeto hacia ellos y envidia hacia aquellas cosas a las que tenían acceso. Pobre Marlon Brando, que murió sin saber que en el Poli de Rosario le festejaban su tan asonada aventura con Maria Schneider, cuando quinto desafiaba a cuarto.

Mi Testimonio : parte 5


Industrial de la Nación


Fue en segundo año que empezamos a usufructuar la ventaja competitiva de “nuestras” chicas del curso. La primera vez que salimos todos al cine fuimos a ver una joya en cartel, “Melody”, una elección obligada para nuestra candidez de entonces. Además, las chicas resultaron ser un elemento aglutinante que favoreció las primeras reuniones de la tercera fuera del Poli.
Lo que resultaba insólito, para mis esquemas de la época, era ver mujeres trabajando en taller, escarbando la tierra de la fundición por ejemplo; al principio hasta verlas portando regla T me resultaba exótico. La ropa de taller en primer año era un disfraz de pitufo ridículo, quién se imagina a un nene vestido como obrero de la UOM?. Al principio la ropa la llevábamos aparte y luego nos cambiábamos, un poco la evitábamos, pero mas o menos a partir de tercero, es gracioso, era fashion andar en ropa Ombú. Las chicas se esmeraban en que la ropa de taller les quede bien, y aun vestidas de operario podían verse femeninas, lucir la ropa o hacerse ver con ella. La pasarela tenía platea, un banquito frente a la salida del vestuario de mujeres, pegado al taller de carpintería, donde esperábamos expectantes el modelaje. Por esa época, en el Poli, descubrí con ácida sorpresa que las mujeres podían oler a transpiración.
La ciudadela de los talleres me resultó absolutamente mágica. Las callecitas empedradas de adoquines y sus cordones de granito, los faroles callejeros y los ventanales vidriados fueron la escenografía de inolvidables siestas de espera para el doble turno en taller. El programa incluía el almuerzo en comedor de Pepe, típica la milanesa aporreada que desbordaba el plato, con puré claro. En rincones del patio de taller estaban depositadas las dos turbinas jet que siempre ilusioné podría ver funcionando, alentado por la leyenda de que alguna vez las habían arrancado.

Mi Testimonio : Parte 6


Emplumando para volar.



Para tercer año las hormonas hacían sus maravillas, esto puede verse en la foto del curso, había grandes cambios de look, despuntaba lindo la boludez pero también las ideas locas para hacer cosas, como los primeros campamentos. Fue a partir de acá cada uno empezaba a pintar o amagar hacia la especialidad que seguiría en quinto.
Cuarto año era el ejercicio previo de las libertades “plenas”, uno ya se sentía “alumno maduro”, y se animaba a ir al frente a buscar, reclamar, discutir, zonzeras muchas veces, pero era un ejercicio absolutamente necesario. Recuerdo la profesora de historia, historia Argentina, que tenía mucho para contar, pero ni los tiempos ni la audiencia la acompañaban. En este año empezaron las empresas que luego nos harían sentir dueños del mundo, como organizar fiestas, organizar viajes, comprar vehículos a medias. Muchos avezados también debutaron este año con Doña Rosa, que ya venía promoviendo generaciones ancestrales del Poli.Quinto año fue la separación en especialidades y la responsabilidad de esta elección, en el sentido de sentirse consecuente con ella, empezar a pensar y discutir el futuro, asumir que muchos dejaríamos el Poli, el éxtasis del viaje de estudio, y la irremediable premeditación de la melancolía incipiente por la graduación y partida; un amor desmedido por todo el Poli.

Mi Testimonio : parte 7

Brigadas Gloriosas !!..
(Corre Einstein Corre, Mendez te persigue)

Creo que la tercera división dejo huellas en el Poli, pero no todas. Como cuando la jefa del departamento nos anunció el cambio de cerradura, luego del inusitado rendimiento de nuestro curso en la cuatrimestral de matemáticas, en quinto año. O como cuando nos declararon enemigos públicos de la comuna, el mismo intendente de Carcarañá en persona, luego de nuestra excursión nocturna al cementerio. Ocurre que la piromanía fogonera nos indujo a un error de cálculo; el tablón que nos llevamos era de la obra de remodelación de los nichos. O como cuando el diario de Chubut nos dedicó la segunda página, con foto y título “Rosarinos mochileros y guitarreros”.

Mi Testimonio : parte 8


Los Hijos del Proceso

Hay de todas formas algunas sombras en mis recuerdos de aquella época, y tienen que ver con la época en sí misma. Eran tiempos de corbatita y pelo corto, nuestros primeros ensayos cívicos hayan sido tal vez el reclamo de que se los metan bien en el orto. Crecimos en una atmósfera controlada, inducidos por una presión tendenciosa hacia la superficialidad y la estupidez, aprendimos que de ciertas cosas no se hablaba, y asimilamos también visiones y esquemas muy distorsionados de la realidad, los hechos, la vida. De lo anterior a los militares no se hablaba mas que como de historias de terror y de caos, y de la leyenda? de las armas guerrilleras escondidas bajo los pisos de madera. Ya en primer año nos tocó la “fiesta de todos” del mundial 78, a las que nos plegamos todos ingenuamente. Luego vendría la TV color con programas que duraban horas de peluquería, lavado, planchado y alisado de cabeza, la época del “deme dos” donde entraron los autos importados, y era barato viajar a Brasil, para poder traer la tv color. Nuestra ingenuidad fue cómplice inimputable de la atrocidad ominosa sobre la que caminábamos, y estábamos muy lejos de poder enterarnos, mas aún de creerla y asimilarla. Actualmente me provoca tristeza recordar el país de esos años, pesadez por todo lo que nos comimos, la amargura de la estafa y el engaño, el mismo sentimiento que cuando veo hoy el mundial 78; absolutamente nada que festejar. Duele mucho haber estado ahí y no haberse enterado.

Mi Testimonio : Parte 9


No hubo errores, No hubo excesos...

Aunque negados de crecer en la realidad, fuimos afortunados en al menos poder hacer la plancha; ninguno de aquellos que conocí fue víctima directa del proceso. Pero en los años siguientes tuvimos que rearmar el rompecabezas con las piezas que nos habían escondido, y las que se habían perdido para siempre.El Poli fue de todas formas un refugio benigno y privilegiado que nos permitió alimentar y desarrollar inquietudes, de las que estaban permitidas. El órgano máximo de la disidencia en esa época era la revista Humor, con la que podíamos apenas intentar separar algunas frutas. A partir de cuarto año, con la urgencia por aprender y saber mas allá de las clases del Poli, nació la primera semilla de agitación, de desconfianza, de rebeldía y opinión. Nunca me olvido del acto del día de la bandera en el Monumento, 1981, ese día un obispo nos habló del “permiso de Dios que tienen los militares para matar…”. Algunos nos miramos y comentamos entre incrédulos e indignados a pesar del llamado severo, aunque cómplice, del celador. Pero tampoco podíamos medir el alcance ni poner en contexto lo que habíamos escuchado.

Mi testimonio : parte 10


No llores por mi Argentina ( La herida absurda )

Al año siguiente, antes de nuestro viaje a Bariloche, nos reunieron una mañana temprano, por sorpresa, porque una noticia escandalosa sacudía nuestro mundo. Argentina había desembarcado en Malvinas. Fue un acto solemne y grave, preocupado de incertidumbre, alarmante de interrogantes. Participados y notificados, por primera vez, de un hecho trascendente en el país, grave, doloroso, temerario. Recuerdo el miedo y la alarma, la preocupación novedosa pero aún inmadura por ingenuidad e ignorancia. Fue un lanzamiento forzoso a la realidad, un desafío a nuestra madurez restringida. Atinamos tan solo a cantar en la Peatonal por “mandarinas” que rimaba con Malvinas y Argentina, y a seguir las noticias; el humo del circo obsecuente. Se notaba que algo se había quebrado, el mismo quiebre que dio lugar a la aparición de la trova Rosarina. El dolor por la inevitable derrota del absurdo, mezquino por imbecilidad, pero irresponsablemente generoso con la sangre de los chicos, no fue un impedimento para que viajáramos con nuestros sueños a Bariloche. No puedo dejar de sentir culpa al reconocer que mientras nosotros saltábamos eufóricos, pletóricos de vida, al son de “No llores por mí Argentina”, en el sur escondían a nuestros chicos que volvían sin gloria de la guerra, chicos apenas mas grandes que nosotros; y muchos lloraban por quienes no volvieron ni volverían nunca a nuestro suelo. Nos tocó en suerte una posición privilegiada para la primera lección sobre las brutales contradicciones y barbaridades que nos acechan en nuestro país, y que pueden en cualquier momento cobrarnos como víctimas.

Mi testimonio : parte 11

El cielo con las manos

En el Poli descubrí también que mis soldaditos de plomo tenían pies de barro, y que muchas de mis antiguas ilusiones ahora me avergonzaban frente a otras verdades, escandalosas, que en 1982 se abrieron frente a mi gracias al Poli. Fue una revolución interna, un cóctel explosivo e inolvidable entre mi rebeldía de los 17, la intensidad de todo lo ocurrió ese año, y la brisa fresca del proceso que se caía a pedazos. Entre los sacudones brutales de todas mis estanterías fue que elegí estudiar Ingeniería, y tomé la decisión irrevocable de mi viaje mochilero terminal hacia el oasis. El camino ya estaba allanado por una expedición anterior que volvió triunfante hablando maravillas de las especias del “sur”. El Poli, mis compañeros, surtieron una dotación completa para esta hazaña. Las especialidades de fogonero, de guitarrero, de cineasta, de acróbata playero, de punga para logística, de mufa, de filósofo letrado, todas estaban cubiertas mayormente por alguno, de entre la fauna cultivada en la tercera del Poli que desembarcó en Puerto Pirámides. Yo tuve aquí mi verano del 82. Y fue también otro hito, un antes y un después. No fue terremoto esta vez, pero marcó con intensidad suprema el fin teatral, formal, de mi paso adolescente por el Poli. Nuevamente afortunado, pude prorrogar primero y exceptuar después mi colimba, y tuve a cambio un viaje que se convertiría por años en el tema recurrente, obsesivo e inolvidable cada vez que nos re-uníamos, como ex compañeros de esta colimba.

2006/03/29

Mi Testimonio : parte 12

Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy..


La caída de ese telón, mi despedida del Poli, y la necesidad de dejar atrás esos años me costaron horrores, y me cuesta aún mucha nostalgia. Me hace bien cobijarme en estos recuerdos porque me acercan a mi mismo, son incontrolables y me desbordan mas rápido de lo que puedo asentarlos; el Poli es parte de mí tanto como lo son mi niñez, mi adolescencia, la bohemia Rosarina, o mi vida. Actualmente siento el deseo de agradecer, a quien corresponda, haber estado ahí y entonces, haber podido pasar por el Poli que me dio el mejor equipaje que pude tener para seguir adelante, y haber conocido en el Poli a aquellos compañeros con los que construimos años inolvidables de nuestras vidas.

Pablo J. Villar, Bachiller Técnico 1982.
Buenos Aires, Marzo 2005.