El Descueve
Pero todo primer año sería un shock emotivo, de imágenes y sensaciones que surgían de esa nueva vida. El Poli me abdujo como una fuerza resplandeciente e inexplicable a la que me entregué sin titubeos. La “casa” de estudios, por encima de todo mote acartonado, estaba signada a devenir en nuestro “hogar”, así lo sentimos. Impactado por la vastedad y profundidad de los espacios, pasillos e inauditos techos inalcanzables; los salones con patíbulo y pizarrón en guillotina, otros con misteriosos bancos de dibujo en tándem de a cuatro. Incalculables generaciones de chicos vivían grabados aún en profusas y bulliciosas huellas de la madera. Nunca sentí ningún miedo, ni aún entre los ecos solitarios de mis pasos en los pasillos, alguna tarde oscura.
El Poli inspiraba al ingresante sumisión y respeto. Inevitable sentirse cohibido, teníamos que aprender a movernos ahí dentro, y todos nos lo hacían saber. Estar en primero significaba ser un infante gracioso que a duras penas podía portar el tablero de dibujo, medio inadaptado todavía cuando correteaba o vociferaba como niño. Uno de los primeros desafíos a nuestra niñez fue el uso de cuadernillos, ásperos en ese papel medio peludo, y ríspidos por la impresión del mimiógrafo. La lectura de lo escrito no siempre era evidente y explícita; entre derrapes de tinta negra y los caprichos del mimiógrafo a veces era como leer un diario mojado.
Recuerdo a los profesores y sus departamentos de materias como a instituciones. El departamento de la temible matemáticas era el comando en jefe, y sus oficiales profesoras poco menos que gladiadores, blandiendo amenazantes cada año sus renovadas armas de trigonometría, álgebra, derivadas, integrales. Gracias a este entrenamiento, los futuros ingresantes a ingeniería podían no sólo acceder directamente, sino además hacer huevo todo el primer año, por lo menos. La presencia de una profesora de matemáticas siempre intimidaba o hasta metía miedo; entre el tumulto de los pasillos se percibía aún de lejos la proximidad de alguna de ellas por las actitudes a su alrededor. El imaginario estudiantil tejía relatos, historias y hasta leyendas sobre hechos ocurridos con las matemáticas. Se producía además un curioso fenómeno de divismo, todas las profesoras eran “La”, como La Loren o La Garbo.
Aguante la Tercera82 !!
Contra los embates del tiempo, las deudas, los divorcios y los hijos por reconocer....
Y aguante El Poli, Rosario, y todo aquellos buenos recuerdos de cuando, todos juntos, fuimos adolescentes. Esta es una pagina dedicada a la llama viva de la Tercera división, Bachilleres Técnicos promoción 1982, del Instituto Politécnico Superior de Rosario ( El Poli).
Y aguante El Poli, Rosario, y todo aquellos buenos recuerdos de cuando, todos juntos, fuimos adolescentes. Esta es una pagina dedicada a la llama viva de la Tercera división, Bachilleres Técnicos promoción 1982, del Instituto Politécnico Superior de Rosario ( El Poli).
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