
MALDITA LEY FEDERAL !
( "caramba y zamba la cosa, que viva la escuela técnica..")
Si tuviera que recordar cuando fue la primera vez en mi vida en que me tocó el esfuerzo, la dedicación, el sacrificio de la comodidad, o la urgencia por superar alguna dificultad, fue con seguridad en estos primeros años en el Poli. Por ejemplo, matemáticas tenía siempre prueba cuatrimestral obligatoria para la que había que estudiar, aprender, y pensar un poco. Nunca me pude olvidar como me costó la clausura de aquel primer domingo que me quedé a estudiar, cuando estaba en segundo año. O taller también, recuerdo que difícil me fue sacar prolija la ensambladura “con cola de milano” en carpintería. La metafísica y el argot de los talleres aniquiló toda inutilidad innata para el trabajo aplicado. Esto nos abriría la puerta al manejo del mundo físico con recursos que asimilamos para siempre. Creo que permanentemente los utilizamos en nuestra vida diaria o profesional, para interpretar un problema concreto o entender un principio elemental, cuya ignorancia podría costarnos hasta la vida. En fin, es ni mas ni menos que la naturaleza de la escuela técnica. Pero hasta el dibujo técnico planteaba desafíos a la habilidad, había que aprender a contener la respiración para trazar arcos que empalmen con precisión. Aquella técnica del “doble cambio de plano” exigía un esfuerzo de abstracción notable para aquellos niños; costaba tanto como resolver problemas de ingenio.Creo, definitivamente, que toda esta exigencia modelaba con maestría nuestro carácter, nuestra confianza en nosotros mismos, nuestra percepción del mundo, y por sobre todo, nos enseñó que es posible superarse a sí mismo y desarrollar habilidades en base al trabajo, el esfuerzo y la dedicación. La doble escolaridad dolía, todavía me admiro de aquellas jornadas completas con taller a la tarde, y de lo fácil que absorbimos esta demanda. Pero pese al rigor, o mas bien gracias a él, antes de terminar primer año se entablaba el romance con el Poli.
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