
Un día cualquiera...
A partir de segundo uno podía ya sentirse un alumno digno del Poli, por haber pagado el derecho de piso, haber superado la prueba inicial, y por sobre todo por no ser ya de primero. Se empezaba entonces a conocerlo y a moverse con mas seguridad. Recuerdo también la exploración para conocer cada vez mas rincones, eran inagotables. Demoré años en conocer todos sus pasadizos, incluida la conexión a la facultad para hacer la rabona. Demore también en hacerme la rabona, tal vez porque no era fácil o tal vez porque no era el espíritu, no lo recuerdo, pero hoy puedo darme cuenta de que uno allí se sentía contenido.
Con libertad de movimientos, la vida diaria en el poli era alucinante. La actividad social en los dos recreos de la mañana era muy activa. Me gustaba comerme un panchito de Pepe en el patio frente a la librería, desde donde se veía claro la ingeniosa declaración en corazón de tiza que rezaba el amor procaz entre Linda y un tal “Onga”.El contraste con los de cuarto o quinto año provocaba admiración o respeto hacia ellos y envidia hacia aquellas cosas a las que tenían acceso. Pobre Marlon Brando, que murió sin saber que en el Poli de Rosario le festejaban su tan asonada aventura con Maria Schneider, cuando quinto desafiaba a cuarto.
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