Aguante la Tercera82 !!

Contra los embates del tiempo, las deudas, los divorcios y los hijos por reconocer....
Y aguante El Poli, Rosario, y todo aquellos buenos recuerdos de cuando, todos juntos, fuimos adolescentes. Esta es una pagina dedicada a la llama viva de la Tercera división, Bachilleres Técnicos promoción 1982, del Instituto Politécnico Superior de Rosario ( El Poli).

2006/03/30

Mi Testimonio : parte 5


Industrial de la Nación


Fue en segundo año que empezamos a usufructuar la ventaja competitiva de “nuestras” chicas del curso. La primera vez que salimos todos al cine fuimos a ver una joya en cartel, “Melody”, una elección obligada para nuestra candidez de entonces. Además, las chicas resultaron ser un elemento aglutinante que favoreció las primeras reuniones de la tercera fuera del Poli.
Lo que resultaba insólito, para mis esquemas de la época, era ver mujeres trabajando en taller, escarbando la tierra de la fundición por ejemplo; al principio hasta verlas portando regla T me resultaba exótico. La ropa de taller en primer año era un disfraz de pitufo ridículo, quién se imagina a un nene vestido como obrero de la UOM?. Al principio la ropa la llevábamos aparte y luego nos cambiábamos, un poco la evitábamos, pero mas o menos a partir de tercero, es gracioso, era fashion andar en ropa Ombú. Las chicas se esmeraban en que la ropa de taller les quede bien, y aun vestidas de operario podían verse femeninas, lucir la ropa o hacerse ver con ella. La pasarela tenía platea, un banquito frente a la salida del vestuario de mujeres, pegado al taller de carpintería, donde esperábamos expectantes el modelaje. Por esa época, en el Poli, descubrí con ácida sorpresa que las mujeres podían oler a transpiración.
La ciudadela de los talleres me resultó absolutamente mágica. Las callecitas empedradas de adoquines y sus cordones de granito, los faroles callejeros y los ventanales vidriados fueron la escenografía de inolvidables siestas de espera para el doble turno en taller. El programa incluía el almuerzo en comedor de Pepe, típica la milanesa aporreada que desbordaba el plato, con puré claro. En rincones del patio de taller estaban depositadas las dos turbinas jet que siempre ilusioné podría ver funcionando, alentado por la leyenda de que alguna vez las habían arrancado.

No hay comentarios.: