
Los Hijos del Proceso
Hay de todas formas algunas sombras en mis recuerdos de aquella época, y tienen que ver con la época en sí misma. Eran tiempos de corbatita y pelo corto, nuestros primeros ensayos cívicos hayan sido tal vez el reclamo de que se los metan bien en el orto. Crecimos en una atmósfera controlada, inducidos por una presión tendenciosa hacia la superficialidad y la estupidez, aprendimos que de ciertas cosas no se hablaba, y asimilamos también visiones y esquemas muy distorsionados de la realidad, los hechos, la vida. De lo anterior a los militares no se hablaba mas que como de historias de terror y de caos, y de la leyenda? de las armas guerrilleras escondidas bajo los pisos de madera. Ya en primer año nos tocó la “fiesta de todos” del mundial 78, a las que nos plegamos todos ingenuamente. Luego vendría la TV color con programas que duraban horas de peluquería, lavado, planchado y alisado de cabeza, la época del “deme dos” donde entraron los autos importados, y era barato viajar a Brasil, para poder traer la tv color. Nuestra ingenuidad fue cómplice inimputable de la atrocidad ominosa sobre la que caminábamos, y estábamos muy lejos de poder enterarnos, mas aún de creerla y asimilarla. Actualmente me provoca tristeza recordar el país de esos años, pesadez por todo lo que nos comimos, la amargura de la estafa y el engaño, el mismo sentimiento que cuando veo hoy el mundial 78; absolutamente nada que festejar. Duele mucho haber estado ahí y no haberse enterado.
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